IA y ciberseguridad dominan inversión tecnológica en México
Las empresas mexicanas destinarán 776 millones de dólares a inteligencia artificial y 1,476 millones a ciberseguridad durante 2026. Además, 84% ya utiliza IA o planea hacerlo.
En las salas de juntas donde se decide el futuro tecnológico de las empresas mexicanas, la conversación está cambiando. Ya no se trata solamente de renovar servidores, contratar infraestructura o migrar sistemas a la nube. La inteligencia artificial y la ciberseguridad están pasando al centro de las decisiones de inversión, en un momento en que las compañías buscan producir más con tecnología mientras enfrentan una amenaza cada vez más sofisticada: que esa misma tecnología abra nuevas puertas para los atacantes.
México destinará alrededor de 776 millones de dólares a servicios y software de inteligencia artificial durante 2026 y otros 1,476 millones a productos y servicios de ciberseguridad. La nube pública, la automatización y la modernización tecnológica también avanzarán dentro de los presupuestos corporativos, aunque con ritmos diferentes.
El movimiento mexicano forma parte de una transformación mucho más amplia. A escala mundial, 30% de las organizaciones considera que los proyectos de inteligencia artificial y automatización estarían protegidos ante una reducción presupuestaria durante los próximos 12 meses. Otro 25.5% mantendría el gasto destinado a seguridad, gestión de riesgos y cumplimiento, de acuerdo con IDC.
La señal es relevante para las empresas: incluso ante un escenario de presión sobre los presupuestos, la IA y la seguridad comienzan a ser tratadas como inversiones estratégicas y no como proyectos tecnológicos secundarios.
En América Latina, la seguridad informática y de nube ocupa el primer lugar entre las iniciativas estratégicas de tecnologías de la información, mencionada por 37% de las empresas consultadas.
La inteligencia artificial generativa aparece en segundo sitio con 30.8%, después de haber avanzado desde una de las posiciones inferiores registradas en 2024. La encuesta IDC Latin America IT Investment Trends 2026 reunió respuestas de 507 organizaciones de la región.
“Los casos de uso más avanzados de inteligencia artificial generativa se encuentran relacionados con TI y específicamente con seguridad”, dijo Claudia Medina, directora de Investigación de IDC, durante una presentación organizada por Check Point.
La explicación ayuda a entender el momento que atraviesa el mercado. Las empresas no solamente están comprando IA para experimentar con nuevos productos o automatizar tareas. Algunas de sus aplicaciones más maduras están apareciendo dentro de las propias áreas tecnológicas, particularmente en la detección de amenazas y la automatización de respuestas.
México reproduce esta tendencia. La seguridad informática conserva la primera posición dentro de la agenda tecnológica nacional y la inteligencia artificial generativa subió hasta el segundo lugar en 2026, según las respuestas de empresas mexicanas recopiladas por IDC desde 2024. La automatización de procesos también permanece entre los asuntos de mayor importancia estratégica, mientras las plataformas de nube y la modernización de infraestructura pierden posiciones relativas.
Otro sondeo confirma la dirección del mercado. Select encontró que los agentes de inteligencia artificial y la ciberseguridad quedaron empatados como las principales prioridades de inversión de las empresas mexicanas. La consultora calcula que el gasto empresarial en tecnologías de información y comunicaciones alcanzará 547,000 millones de pesos durante 2026, con un crecimiento anual de 4.1%. La nube pública será uno de los componentes de mayor dinamismo.
El mercado mexicano parte además de una posición relevante dentro de la región. IDC estima que el mercado latinoamericano de tecnologías de información y comunicaciones tuvo un valor de 291,000 millones de dólares en 2025 y crecerá a una tasa anual compuesta de 5.9% hasta 2029.
México representa 61,600 millones de dólares, equivalentes a 21.2% del mercado regional, y ocupa el segundo lugar después de Brasil, cuyo mercado alcanza 99,900 millones de dólares. Del mercado mexicano, 44,200 millones corresponden a tecnologías de información y 17,400 millones a telecomunicaciones.
La escala es una de las principales fortalezas del país. México cuenta con una base empresarial suficientemente grande para sostener una demanda creciente de software, infraestructura, nube, servicios administrados, inteligencia artificial y seguridad. Su posición como segundo mercado tecnológico de América Latina también ofrece espacio para que proveedores nacionales e internacionales desarrollen soluciones y encuentren clientes en industrias con diferentes niveles de madurez digital.
Pero el crecimiento no será uniforme. IDC prevé que los servicios y el software empresarial avancen 9.7% durante 2026, mientras el mercado tecnológico completo crecerá 3.2%, afectado principalmente por el desempeño de los dispositivos. Las computadoras y otros equipos personales podrían contraerse 4% después del incremento extraordinario de compras registrado durante la pandemia.
La inteligencia artificial se encuentra en el extremo opuesto. Parte de una base mucho menor, pero avanza a una velocidad extraordinaria. El gasto mexicano en servicios y software de IA llegará a 776 millones de dólares durante 2026, con un crecimiento anual de 52%. Las empresas financieras se encuentran entre las principales compradoras, acompañadas por el comercio.
IDC había calculado que el mercado empresarial de inteligencia artificial alcanzó 32,884 millones de pesos en 2025 y podría superar los 110,000 millones hacia 2029. El crecimiento abre una oportunidad para las compañías capaces de integrar IA en ventas, atención al cliente, análisis de información, operaciones y toma de decisiones.
La ciberseguridad representa un mercado todavía mayor. La inversión mexicana llegará a 1,476 millones de dólares durante 2026, con un crecimiento anual de 24%. Parte de ese gasto estará dirigido a herramientas de inteligencia artificial y observabilidad capaces de analizar grandes volúmenes de actividad digital, identificar comportamientos anómalos y generar alertas con menor intervención humana.
La nube pública recibirá alrededor de 2,038 millones de dólares y crecerá 25%, impulsada por la adopción de entornos híbridos. Los servicios de tecnologías de información conservarán un mercado mayor, cercano a 6,979 millones de dólares, aunque crecerán alrededor de 5%. Las aplicaciones alcanzarán 5,787 millones y las telecomunicaciones mantendrán el mayor volumen, con 17,392 millones.
Incluso la compra de servidores comienza a cambiar. Alrededor de 19% de los 634 millones de dólares destinados a infraestructura tradicional de cómputo y almacenamiento estará relacionado con cargas de inteligencia artificial. Las empresas están incorporando equipos capaces de ejecutar modelos dentro de sus propias instalaciones y conservar información corporativa bajo controles internos.
El cambio revela una transición en la estructura del gasto tecnológico. Durante años, una parte importante del presupuesto empresarial estuvo destinada a mantener sistemas existentes. Ahora, una proporción creciente se dirige hacia herramientas capaces de automatizar procesos, analizar información, detectar amenazas y modificar directamente la manera en que funcionan las organizaciones.
Sin embargo, gastar más no significa necesariamente adoptar mejor.
Una encuesta de IDC encontró que 84% de las organizaciones mexicanas ya utiliza inteligencia artificial o planea hacerlo. La cifra reúne desde empresas que apenas exploran sus posibilidades hasta compañías con sistemas implementados, por lo que refleja distintos niveles de madurez.
Entre las organizaciones que comenzaron el proceso, 70% declara contar con una estrategia estructurada y documentada, alineada con sus objetivos empresariales. Los beneficios identificados incluyen reducción del tiempo dedicado a tareas rutinarias, mayor velocidad de respuesta al cliente y procesamiento de información para acelerar decisiones.
Esta disposición empresarial constituye otra fortaleza. La IA está dejando de ser una promesa abstracta para convertirse en una herramienta vinculada con resultados operativos concretos. Cada empresa que logra demostrar un ahorro de tiempo, una mejora en el servicio o una decisión más rápida genera un caso de uso que puede acelerar la adopción en otras organizaciones.
El problema aparece cuando se observa al resto del tejido empresarial.
Un diagnóstico del Centro México Digital basado en el Censo Económico 2024 encontró que la adopción permanece en una etapa inicial entre los establecimientos mexicanos con al menos 10 trabajadores. La brecha comienza incluso antes de hablar de inteligencia artificial: 75% de las microempresas permanece sin acceso a internet.
Esta es una de las principales debilidades estructurales del mercado mexicano. Mientras algunas compañías ya incorporan modelos de IA, nube híbrida y sistemas avanzados de ciberseguridad, una parte importante de los pequeños negocios todavía enfrenta dificultades para conectarse a la economía digital.
La diferencia también se observa entre sectores. El Centro México Digital estimó que el uso de IA se asocia con incrementos de 45.8% en la producción bruta de las empresas de electricidad y de 28.4% en actividades financieras. En medios y telecomunicaciones, el aumento asociado llega a 12.5%. Las tasas de uso en las actividades examinadas oscilan entre 5.7% y 18.7%.
Ahí aparece una de las grandes oportunidades para México. El mayor potencial de la IA no necesariamente está en las empresas que ya se encuentran en la frontera tecnológica, sino en llevar capacidades digitales a sectores y compañías que todavía no las aprovechan. Si esa transición ocurre, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para elevar la productividad de una base empresarial mucho más amplia.
Pero para hacerlo se necesitan dos recursos que hoy son escasos: infraestructura y talento.
La cultura interna constituye el principal obstáculo para digitalizar a las compañías mexicanas, citado por 38% de las 82 empresas encuestadas por IDC. La falta de personal técnico calificado aparece en 33% de las respuestas, mientras que las amenazas de ciberseguridad representan una dificultad para 29%. La complejidad de los sistemas existentes es señalada por 24%.
El déficit de especialistas resulta especialmente evidente en seguridad. México necesita alrededor de 83,000 profesionales y cuenta con cerca de 6,000 capaces de cubrir estas funciones, de acuerdo con una investigación de IQSEC y Select. La diferencia representa alrededor de 77,000 especialistas.
El dato plantea una paradoja empresarial. El mercado puede tener presupuesto para comprar tecnología, pero no necesariamente cuenta con suficientes personas para implementarla, administrarla y aprovecharla. La escasez de talento puede elevar costos, retrasar proyectos y aumentar la dependencia de proveedores especializados.
Y mientras las empresas intentan cerrar esa brecha, el riesgo continúa creciendo.
En América Latina, el phishing representa 31% de los incidentes identificados. Los ataques ejecutados desde navegadores representan 21% y los dirigidos contra cadenas de suministro alcanzan 16%, según una encuesta de IDC realizada entre 205 organizaciones.
El 90% de las compañías consultadas reconoció haber sufrido ataques de malware. Además, 57% reportó daños superiores a 10,000 dólares por ataques o interrupciones ocurridas durante 2024. Las vulnerabilidades derivadas de configuraciones incorrectas explicaron 12% de los incidentes y el robo de credenciales representó 10%.
El costo financiero muestra hasta dónde puede llegar el problema. Las filtraciones investigadas por IBM en América Latina entre marzo de 2025 y febrero de 2026 tuvieron un costo promedio de 82 millones de pesos y requirieron 328 días para ser identificadas y contenidas. El análisis comprendió 28 organizaciones de México y otros mercados latinoamericanos.
La inteligencia artificial añade una nueva dimensión a esta carrera. Las mismas herramientas que ayudan a detectar amenazas y automatizar respuestas también pueden utilizarse para personalizar ataques de phishing, identificar vulnerabilidades y acelerar determinadas fases de una intrusión.
La tecnología, en otras palabras, está aumentando las capacidades de ambos lados.
IDC encontró que apenas 38% de las organizaciones mexicanas utiliza automatización en sus plataformas de seguridad. Las aplicaciones incluyen la detección preventiva de amenazas y la generación automática de respuestas. El espacio que todavía queda por cubrir representa una oportunidad para el mercado de ciberseguridad, pero también una señal de vulnerabilidad para las empresas que mantienen procesos defensivos predominantemente manuales.
La arquitectura empresarial también está cambiando. Para 2026, 56% de las organizaciones mexicanas utiliza modelos de confianza cero, que exigen verificar cada solicitud de acceso en lugar de asumir que una conexión es segura por encontrarse dentro de la red corporativa.
El cambio responde al crecimiento de los entornos híbridos, donde los datos y las aplicaciones se distribuyen entre instalaciones propias, nubes públicas y diferentes servicios digitales. Cuanto más fragmentada se vuelve la infraestructura, mayor es la necesidad de controlar identidades, accesos y datos de manera transversal.
Los clientes también están elevando la exigencia. El 78% prioriza la protección de sus datos personales y 77% valora la transparencia de las políticas de seguridad, según las mediciones presentadas por IDC. A pesar de ello, 21% de la información confidencial de las organizaciones permanece sin una protección adecuada.
La ciberseguridad deja entonces de ser exclusivamente un asunto del departamento de tecnología. Se convierte en una cuestión de continuidad operativa, reputación y confianza. Una empresa puede incorporar una herramienta de IA para responder más rápido a sus clientes, pero si no protege adecuadamente la información que utiliza, esa misma transformación puede convertirse en una fuente de riesgo.
México se encuentra así ante una combinación poco común de escala, velocidad y oportunidad. Tiene el segundo mercado tecnológico más grande de América Latina, una base empresarial que incrementa su gasto en software y servicios, una demanda creciente de nube e inteligencia artificial y una necesidad cada vez mayor de proteger operaciones y datos.
Pero también enfrenta una brecha de conectividad, una escasez crítica de especialistas y una adopción desigual entre empresas y sectores. La amenaza crece al mismo tiempo que crece la oportunidad.
Por eso, la cifra más importante quizá no sea cuánto gastarán las empresas mexicanas en inteligencia artificial durante 2026. El verdadero indicador será qué conseguirán hacer con esa inversión.
Si México logra transformar el gasto en productividad, desarrollar el talento que hoy falta, extender la conectividad y construir una infraestructura de seguridad capaz de acompañar la digitalización, la IA puede convertirse en algo más grande que una nueva categoría tecnológica. Puede convertirse en una nueva capa de competitividad para la economía mexicana.
El momento que viven las empresas no es solamente otro ciclo de adopción tecnológica. Es el inicio de una disputa por productividad, eficiencia y confianza en la que las compañías que aprendan a utilizar la inteligencia artificial de manera segura tendrán una ventaja frente a las que solamente la incorporen porque el mercado lo exige.
La carrera ya comenzó. Y para México, la oportunidad no consiste únicamente en participar en ella, sino en decidir qué lugar ocupará cuando la inteligencia artificial deje de ser una tecnología emergente y se convierta en parte de la infraestructura básica de los negocios.
Colaboración: Editorial Auge.