Inflación cae a su nivel más bajo en más de cinco años

La inflación anual en México se ubicó en 3.10% durante la primera quincena de julio, su nivel más bajo desde diciembre de 2020.

Hay momentos en que una cifra deja de ser un simple dato estadístico para convertirse en una señal de que el rumbo de una economía comienza a cambiar. Eso ocurrió en la primera quincena de julio, cuando la inflación en México descendió a su nivel más bajo en más de cuatro años, un resultado que no solo refleja una menor presión sobre los precios, sino que también fortalece las expectativas de estabilidad para empresas, inversionistas y consumidores.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento de apenas 0.07% respecto a la quincena previa. Con ello, la inflación general anual se ubicó en 3.10%, su menor nivel desde diciembre de 2020. Un año antes, la inflación quincenal había sido de 0.15% y la anual alcanzaba 3.55%, por lo que el nuevo dato confirma que las presiones inflacionarias continúan cediendo.

Este rubro registró una inflación anual de solo 0.21%. En contraste, la inflación subyacente, considerada el mejor termómetro de la tendencia de largo plazo al excluir los elementos más volátiles, se ubicó en 3.95% anual.

Al interior de este indicador, las mercancías registraron un incremento anual de 3.52%, mientras que los servicios avanzaron 4.36%, reflejando que algunos segmentos de la economía aún enfrentan presiones relacionadas con salarios, rentas y costos operativos, incluso cuando la inflación general ya se encuentra cerca del objetivo permanente del Banco de México.

El componente no subyacente encontró uno de sus principales apoyos en la caída de los precios agropecuarios. Las frutas y verduras disminuyeron 1.50% respecto a la quincena anterior y, en conjunto, los productos agropecuarios mostraron una reducción anual de 3.53%. Los productos pecuarios retrocedieron 6.86% en su comparación anual. Por su parte, los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno registraron una inflación anual de 3.33%.

Entre los productos con mayores incrementos destacó el transporte aéreo, cuyos precios aumentaron 12.44% impulsados por la temporada vacacional de verano. También subieron los servicios turísticos en paquete, la vivienda propia, el pollo, el transporte colectivo, la naranja, las computadoras, la papa y los alimentos preparados en restaurantes, fondas y taquerías. Del lado contrario, el jitomate encabezó las bajas con una disminución de 13.18%, seguido por las cremas para la piel, el gas doméstico LP, los automóviles, los hoteles, el chile serrano, el aguacate y el tomate verde.

En el plano regional, Morelos registró la mayor variación quincenal de precios con un incremento de 0.92%, seguido por Baja California Sur, Nayarit, Coahuila y Baja California. En contraste, Chiapas presentó la mayor disminución de precios, acompañado por Campeche, Guerrero, Aguascalientes y Puebla.

Otro indicador relevante fue el Índice de Precios de la Canasta de Consumo Mínimo, que permaneció sin cambios respecto a la quincena anterior y registró una inflación anual de 2.68%, por debajo del 3.73% observado en el mismo periodo de 2025, una señal de alivio para el gasto de los hogares en productos esenciales.

Para el sector empresarial, la desaceleración de la inflación representa una fortaleza que trasciende el comportamiento de los precios. Una economía con mayor estabilidad inflacionaria permite elaborar presupuestos con mayor precisión, reducir la incertidumbre en las cadenas de suministro y facilitar la planeación de inversiones de largo plazo. Además, una inflación cercana al objetivo del banco central suele traducirse en un entorno financiero más predecible y atractivo para el capital nacional y extranjero.

El nuevo escenario también abre oportunidades para el mercado mexicano. Si la tendencia continúa consolidándose, las empresas podrían enfrentar condiciones de financiamiento más favorables conforme avance el proceso de relajación monetaria. Un menor costo del crédito impulsaría proyectos de expansión, fortalecería el consumo interno y favorecería sectores como comercio, manufactura, vivienda, servicios y turismo, cuya actividad depende en buena medida de la confianza de consumidores y empresas.

Sin embargo, el reporte también deja ver áreas que aún requieren atención. La inflación subyacente continúa por encima de la inflación general y los servicios mantienen un ritmo de crecimiento elevado, reflejo de presiones estructurales relacionadas con el mercado laboral y los costos operativos. Esto significa que, aunque el panorama mejora, todavía existen segmentos donde los incrementos de precios siguen siendo persistentes y podrían retrasar una convergencia más amplia.

A ello se suma la vulnerabilidad inherente del componente no subyacente. Factores como fenómenos climáticos, fluctuaciones internacionales en los precios de alimentos y energéticos, tensiones geopolíticas o episodios de volatilidad cambiaria podrían modificar rápidamente la trayectoria observada en los últimos meses y devolver presión a las cadenas productivas y al bolsillo de los consumidores.

Aun con esos desafíos, el dato marca un punto de inflexión para la economía mexicana. Después de varios años en los que la inflación dominó las decisiones de empresas, familias y autoridades monetarias, el país comienza a construir un entorno de mayor estabilidad. Si esta tendencia logra consolidarse y las presiones subyacentes continúan moderándose, México no solo estará registrando una de sus menores tasas de inflación en años, sino también sentando las bases para una nueva etapa de crecimiento, inversión y confianza empresarial.

Colaboración: Editorial Auge.

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