Citi prevé crecimiento de 2% para México en 2027

La economía mexicana podría crecer 2% en 2027, siempre que se prolongue por 16 años el T-MEC y avance de manera visible el Plan de Infraestructura, de acuerdo con Citi.

Citi estima que el Producto Interno Bruto podría crecer 2% en 2027, pero ese escenario no está garantizado. Para alcanzarlo, México necesitaría avanzar en dos frentes que serán determinantes para las empresas: prolongar por otros 16 años el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-MEC, y hacer visible la ejecución del Plan de Infraestructura.

Si estos factores no se concretan, el riesgo para la previsión será a la baja. En otras palabras, el crecimiento de México durante el próximo año dependerá tanto de lo que ocurra con la economía nacional como de la certidumbre que el país consiga construir alrededor de su relación comercial con Norteamérica y de su capacidad para transformar los planes de inversión en proyectos reales.

Sin embargo, los indicadores adelantados de la actividad, entre ellos la confianza del consumidor y el desempleo, todavía no muestran señales suficientes para hablar de una aceleración sostenida.

Para las empresas, esta diferencia resulta fundamental. Una economía puede mostrar un trimestre favorable sin haber iniciado todavía un ciclo de expansión sólido. La recuperación necesita trasladarse a la inversión, el empleo, el consumo y la producción para generar un efecto más amplio sobre el mercado.

México parte, sin embargo, de una posición privilegiada dentro de la economía global. Su cercanía con Estados Unidos, la integración de sus cadenas manufactureras y la infraestructura productiva desarrollada durante décadas constituyen algunas de sus principales fortalezas. El país cuenta con una plataforma industrial que le permite responder a la demanda estadounidense y participar en cadenas internacionales de sectores como automotriz, electrónico, maquinaria, logística y manufactura.

Esa relación seguirá siendo uno de los principales motores de la economía. Citi espera que Estados Unidos crezca 1.8% en 2027, un ritmo que considera suficiente para mantener el impulso de las exportaciones mexicanas. Para las compañías instaladas en México, esto significa que el mercado estadounidense seguirá ofreciendo una fuente relevante de demanda, especialmente para aquellas que han construido capacidades productivas orientadas a la exportación.

Pero detrás de este fortaleza existe una vulnerabilidad. El crecimiento de las exportaciones mexicanas no necesariamente genera el mismo impacto sobre la economía nacional. Una parte importante del dinamismo está concentrándose en maquinaria y equipo de cómputo, cadenas que no cuentan con un nivel relevante de valor agregado de manufactura mexicana.

La diferencia entre exportar más y generar más valor dentro del país se vuelve entonces uno de los grandes desafíos empresariales. México puede aumentar sus ventas al exterior y, al mismo tiempo, mantener limitada la participación de proveedores nacionales en determinadas cadenas productivas.

Ahí aparece una de las oportunidades más importantes para el mercado mexicano. La expansión del comercio exterior puede convertirse en un motor mucho más potente si las empresas nacionales consiguen incorporarse a las cadenas de suministro con productos, servicios y procesos de mayor complejidad. Ingeniería, tecnología, componentes, logística, servicios especializados y manufactura avanzada pueden ampliar el valor que permanece en México antes de que un producto llegue al mercado estadounidense.

El T-MEC será determinante para esa transformación. La posibilidad de prolongar la vigencia del acuerdo por otros 16 años ofrecería a las empresas algo que resulta especialmente valioso cuando se trata de inversiones de largo plazo: certidumbre.

Una planta, un centro logístico, una nueva línea de producción o el desarrollo de una red de proveedores requieren años para recuperar el capital invertido. Por ello, las empresas necesitan conocer las reglas bajo las cuales operarán sus negocios. Una mayor claridad sobre el futuro del T-MEC podría facilitar decisiones que actualmente permanecen en pausa y reforzar la posición de México frente a otros países que compiten por atraer inversión productiva.

La oportunidad es particularmente relevante en un momento de reorganización de las cadenas globales de suministro. México tiene la geografía, el acceso comercial y una base manufacturera que pueden convertirlo en un destino atractivo para nuevas inversiones orientadas al mercado norteamericano.

Pero esa ventaja no es suficiente por sí sola. La disponibilidad de energía, agua, infraestructura, talento, seguridad, conectividad y proveedores también determinará qué tan lejos puede llegar el país en esta nueva etapa de competencia por capital.

El segundo elemento del escenario de Citi apunta precisamente a una de esas condiciones: la infraestructura.

La ejecución visible del Plan de Infraestructura podría convertirse en uno de los principales catalizadores de la economía durante 2027. La construcción de proyectos genera actividad para compañías de materiales, cemento, acero, maquinaria, transporte, ingeniería y servicios profesionales. Pero su impacto puede ir mucho más allá de la etapa de construcción.

Una infraestructura más eficiente puede reducir costos logísticos, conectar centros productivos con mercados, mejorar la movilidad de mercancías y elevar la capacidad de las empresas para competir. En un país cuya principal ventaja comercial está relacionada con su integración con Estados Unidos, la infraestructura puede convertirse en el puente entre esa oportunidad y una mayor productividad.

México enfrenta así una paradoja empresarial. Nunca había tenido una posición tan relevante dentro de las cadenas productivas de Norteamérica, pero convertir esa ventaja en un crecimiento económico más elevado requiere resolver algunas de sus propias limitaciones.

Colaboración: Editorial Auge.

Sponsored by: Regus
Share

Noticias Relacionadas