Empresarios mexicanos respaldan el T-MEC rumbo a su revisión

El 83% de los sectores productivos en México apoya el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá de cara a su revisión en 2026.

En los corredores industriales, en los despachos corporativos y en las mesas de planeación de las grandes exportadoras del país, el calendario comercial de América del Norte comienza a marcar una fecha clave. La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá en 2026 se acerca, y para el sector productivo mexicano el mensaje que emerge es contundente: el acuerdo sigue siendo uno de los pilares de la competitividad regional.

Los resultados de la consulta pública realizada por la Secretaría de Economía muestran que el 83% de los sectores productivos en México respalda el tratado de cara a su próxima revisión. El balance es ampliamente favorable. El 49% de los participantes considera que el impacto del acuerdo ha sido muy positivo, mientras que otro 34% lo califica como positivo. En contraste, apenas alrededor del 5% de las opiniones lo evalúa como negativo o muy negativo.

Detrás de estas cifras hay algo más que un ejercicio estadístico. El resultado refleja hasta qué punto el tratado se ha convertido en una pieza central del modelo económico de México. 

La consulta se construyó a partir de 30 mesas de trabajo sectoriales en las que participaron representantes empresariales, industriales y especialistas del comercio internacional. El objetivo fue identificar las prioridades del sector productivo antes de iniciar el diálogo con Estados Unidos en el marco del proceso de revisión previsto en el propio acuerdo.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, explicó que el ejercicio busca preparar la posición mexicana para las conversaciones que se llevarán a cabo en Washington. En un contexto global marcado por tensiones comerciales y por una competencia cada vez más intensa entre bloques económicos, el funcionario subrayó que preservar la certidumbre en la relación entre los tres socios resulta fundamental.

En las mesas de trabajo se identificaron 54 elementos de preocupación planteados por los distintos sectores. México presentó inicialmente 12 temas prioritarios dentro de ese conjunto, de los cuales una gran parte ya ha avanzado en su resolución. Sin embargo, aún quedan asuntos sensibles que forman parte de la agenda de discusión.

Entre ellos destacan cuestiones relacionadas con el comercio de acero, las reglas que afectan a la industria automotriz y algunos mecanismos vinculados al cumplimiento comercial fuera del marco del tratado. También persisten inquietudes sobre la posible aplicación de aranceles, la interpretación de las reglas de origen y el funcionamiento de los mecanismos de respuesta rápida en materia laboral.

Para la industria exportadora, estos puntos no son menores. Sectores como el automotriz, el metalúrgico y el manufacturero operan bajo cadenas de suministro altamente integradas entre los tres países. Cualquier ajuste en las reglas comerciales puede alterar costos, estrategias de producción e incluso decisiones de inversión.

A pesar de estas preocupaciones, el respaldo mayoritario al acuerdo revela una fortaleza estructural del mercado mexicano. El tratado ha proporcionado certidumbre jurídica, acceso preferencial a uno de los mercados más grandes del mundo y un marco regulatorio que facilita la integración productiva. Para muchas empresas globales, estas condiciones han convertido a México en una plataforma estratégica dentro de América del Norte.

La estabilidad del acuerdo también ha coincidido con una transformación más amplia del comercio internacional. Las tensiones geopolíticas, los cambios en las cadenas de suministro y la búsqueda de mayor resiliencia industrial han impulsado a las empresas a replantear sus estrategias de localización productiva. En ese escenario, la cercanía de México con el mercado estadounidense y su red de manufactura exportadora han reforzado su atractivo como destino de inversión.

Sin embargo, el propio ejercicio de consulta también revela debilidades que el país deberá enfrentar para aprovechar plenamente el potencial del acuerdo. Algunos sectores señalan que la competitividad nacional depende de factores internos que van más allá del tratado, como la infraestructura logística, la disponibilidad energética, la formación de talento especializado y la capacidad de innovación industrial.

Al mismo tiempo, el entorno internacional plantea amenazas que no pueden ignorarse. La posibilidad de disputas comerciales, las presiones políticas dentro de los países socios o eventuales medidas arancelarias forman parte de los riesgos que acompañan a cualquier acuerdo de esta escala. A ello se suma la creciente competencia de otras regiones productivas que buscan consolidarse como polos industriales con altos niveles de certidumbre regulatoria.

Frente a este panorama, la mayoría de los sectores coincide en que la revisión del tratado no debe centrarse en reabrir capítulos sustantivos, sino en fortalecer su implementación y adaptarlo gradualmente a nuevas realidades económicas. Entre los temas que comienzan a ganar espacio en la agenda empresarial destacan la digitalización del comercio, la innovación tecnológica y la incorporación de estándares más avanzados de sostenibilidad ambiental.

En otras palabras, el desafío no es rediseñar el acuerdo, sino prepararlo para la siguiente etapa de la integración económica regional.

A casi tres décadas de la apertura comercial que transformó el mapa productivo de América del Norte, el tratado sigue siendo el punto de referencia para las decisiones de inversión, para la expansión de las cadenas de valor y para la competitividad de miles de empresas que operan a ambos lados de las fronteras.

Por ahora, el mensaje que envían los sectores productivos mexicanos es claro. En un mundo cada vez más fragmentado en bloques económicos, el tratado no solo sigue vigente. También se mantiene como la columna vertebral de la arquitectura industrial que conecta a México con sus dos principales socios comerciales. Y su revisión en 2026 se perfila menos como una renegociación histórica y más como el siguiente capítulo en la evolución de la mayor plataforma productiva del hemisferio occidental.

Colaboración: Editorial Auge.

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