Exportaciones mexicanas se disparan impulsadas por electrónicos

Las exportaciones de México aumentaron 27.7% en marzo, alcanzando más de 70,700 millones de dólares.

México volvió a colocarse en el radar internacional con una cifra que refleja algo más que un buen mes. En marzo de 2026, el país alcanzó exportaciones por 70,727 millones de dólares, un crecimiento anual de 27.7%, de acuerdo con el INEGI, consolidando así diez meses consecutivos de expansión y el mayor dinamismo observado desde 2022.

Detrás de este avance está el músculo manufacturero, que aportó 64,722 millones de dólares con un crecimiento de 29.5%. No se trata solo de volumen, sino de composición. 

Incluso el sector automotriz, tradicional columna vertebral del comercio exterior mexicano, comienza a mostrar una nueva narrativa. Mientras las exportaciones hacia Estados Unidos retrocedieron ligeramente, los envíos a otros mercados se dispararon más de 39%, lo que sugiere una diversificación que hace apenas unos años parecía lejana.

El impulso no se limitó a la manufactura. Las exportaciones extractivas crecieron más de 95%, impulsadas por los altos precios internacionales de los metales, mientras que el sector petrolero reflejó una paradoja conocida. El valor exportado aumentó gracias a un precio promedio de 84.10 dólares por barril, aunque el volumen exportado continuó a la baja, evidenciando los límites estructurales de la producción energética. En contraste, el sector agropecuario avanzó apenas 0.7%, con desempeños dispares entre productos, donde algunos cultivos mostraron dinamismo mientras otros, como el aguacate, retrocedieron.

Del lado de las importaciones, el crecimiento de 24.3% hasta 64,795 millones de dólares confirma que la actividad productiva está en plena expansión. El aumento en bienes intermedios, que superó el 27%, revela una industria en movimiento, demandante de insumos para sostener su ritmo. Este flujo constante de mercancías permitió a México registrar un superávit comercial de 5,932 millones de dólares, 80% superior al del año anterior, en un contexto donde pocas economías logran combinar crecimiento con saldo positivo.

Lo que emerge de estos datos es un país que capitaliza una de sus mayores fortalezas: su capacidad para integrarse a las cadenas globales de valor con rapidez y competitividad. El auge de los electrónicos confirma que México ya no es solo un ensamblador, sino un actor cada vez más relevante en manufacturas de mayor contenido tecnológico. Esta evolución abre oportunidades evidentes para la inversión extranjera, el desarrollo de proveedores locales y la expansión de infraestructura industrial, en especial en un entorno donde el nearshoring continúa ganando terreno.

Para las empresas, este entorno representa una ventana que combina expansión con redefinición de estrategias. Para el país, es la oportunidad de consolidar un modelo más profundo, menos dependiente y con mayor generación de valor interno.

Colaboración: Editorial Auge.

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