Turismo y servicios impulsarán la recuperación económica regional en 2026
Se espera una recuperación económica gradual en México para 2026, con un crecimiento nacional estimado de 1.8%, tras un débil desempeño en 2025.
Tras años marcados por megaproyectos, gasto público elevado y apuestas de infraestructura que redefinieron regiones enteras, el país comienza a escribir un nuevo capítulo donde el crecimiento ya no dependerá de la obra, sino de su capacidad para activar el consumo, los servicios y el dinamismo urbano. En ese punto de transición, algunas entidades ya toman la delantera.
Durante 2025, la economía regional avanzó apenas 0.6%, reflejo de una desaceleración generalizada tras la conclusión de grandes proyectos y la reducción en inversión pública. El contraste regional se hizo evidente: el norte y el Bajío lograron sostenerse gracias a su integración manufacturera y exportadora, mientras el sur, con alta dependencia del petróleo y la construcción, enfrentó un ajuste más profundo.
Según el informe de BBVA Research, se proyecta una recuperación moderada para 2026, con un crecimiento nacional de 1.8%, pero con diferencias marcadas entre entidades.
Quintana Roo emerge como el protagonista de esta nueva etapa, con una expansión estimada de 5.5% que lo coloca como el motor más dinámico del país tras un débil 2025.
Baja California Sur le sigue con 3.7%, confirmando el peso del turismo como palanca económica, mientras la Ciudad de México avanzaría 2.7%, consolidando su posición como el principal hub de servicios. En el bloque de grandes economías, Jalisco y Estado de México crecerían 1.8%, y Nuevo León 2%, manteniendo estabilidad en un entorno todavía contenido.
Detrás de estas cifras hay un cambio de fondo. El impulso ya no proviene de la inversión pública, sino del sector terciario, que en 2025 fue el principal sostén de la economía con un crecimiento promedio de 1.1%. Comercio, transporte y consumo interno lograron expandirse incluso en medio de la debilidad industrial, mostrando una de las fortalezas más claras del mercado mexicano: su capacidad de sostener actividad desde los servicios, particularmente en las grandes zonas urbanas.
La Ciudad de México, junto con Estado de México, Nuevo León y Jalisco, concentra cerca de la mitad del PIB terciario nacional, reflejando una base estructural más estable y diversificada.
A este reacomodo se suma un catalizador global. La Copa Mundial de la FIFA 2026 inyectará demanda en sectores clave como turismo, movilidad y consumo, con efectos directos en las principales ciudades sede y repercusiones indirectas en destinos turísticos como Quintana Roo y Baja California Sur. Para las empresas, este evento no solo representa un pico temporal de actividad, sino una oportunidad para posicionarse en cadenas de valor vinculadas a servicios, hospitalidad y logística.
El escenario también deja ver oportunidades claras. El repunte del turismo, el fortalecimiento del consumo interno y la resiliencia de las economías urbanas abren espacios para expansión en sectores orientados al cliente final. Al mismo tiempo, la integración del norte y el Bajío a cadenas globales sigue atrayendo inversión, consolidando a estas regiones como plataformas exportadoras clave.
La desaceleración de 2025 expone debilidades estructurales que persisten. Algunas regiones continúan dependiendo en exceso del gasto público y de sectores volátiles como el energético. Tabasco y Campeche son ejemplo de ello, inmersos en un proceso de reconfiguración que limita su crecimiento en el corto plazo. Esta falta de diversificación reduce su margen de maniobra frente a cambios en el entorno económico.
Así, México avanza hacia 2026 con una narrativa distinta. Ya no es la historia de la expansión impulsada por grandes obras, sino la de una economía que busca reinventarse desde sus ciudades, sus servicios y su capacidad de atraer consumo y turismo.
Colaboración: Editorial Auge.