Las acciones, el activo que más riqueza ha creado en la historia

Un estudio de UBS revela que una inversión de 1 dólar en acciones en 1900 habría crecido hasta 124,854 dólares en 2025.

A comienzos del siglo XX, cuando los mercados financieros modernos apenas tomaban forma y el mundo entraba en una nueva era de industrialización, un inversionista que hubiera destinado un solo dólar a comprar acciones difícilmente habría imaginado la magnitud de lo que ocurriría con ese capital más de un siglo después. Ese dólar, según datos históricos recopilados durante más de 120 años, se habría transformado en una pequeña fortuna.

El Global Investment Returns Yearbook 2026 elaborado por la firma financiera UBS muestra con claridad esa transformación. El estudio, que analiza el comportamiento de 35 mercados financieros desde 1900, revela que una inversión inicial de un dólar en acciones al inicio del siglo pasado habría crecido hasta 124,854 dólares en términos nominales para finales de 2025. El dato no solo refleja el crecimiento acumulado de los mercados bursátiles globales, también confirma el papel central de las empresas en la generación de riqueza a largo plazo.

Cuando se comparan las acciones con otros activos tradicionales, la diferencia resulta contundente. Durante el mismo periodo histórico, una inversión equivalente en bonos de largo plazo habría alcanzado cerca de 284 dólares, mientras que las letras del Tesoro habrían llegado a alrededor de 69 dólares. En contraste, la inflación elevó el índice de precios equivalente a 38 dólares, un recordatorio de cómo el paso del tiempo erosiona el valor del dinero cuando permanece fuera de activos productivos.

Eso no significa que los emergentes hayan quedado rezagados de manera constante. Entre 1960 y 2025 lograron superar a las economías desarrolladas en distintos periodos impulsados por industrialización, expansión demográfica y apertura comercial. Sin embargo, cuando el horizonte se amplía a más de un siglo, la estabilidad institucional, la profundidad de los mercados financieros y la continuidad del crecimiento corporativo terminan inclinando la balanza a favor de las economías maduras.

La inflación aparece como otro protagonista silencioso en esta historia financiera. Incluso tasas moderadas tienen un impacto significativo sobre el poder adquisitivo del dinero cuando se observan en horizontes prolongados. En Estados Unidos, por ejemplo, una inflación promedio cercana a 2.9 por ciento anual desde 1900 implica que el poder de compra de un dólar de aquella época equivale hoy a cerca de 38 dólares. En ese contexto, el estudio concluye que los mercados financieros suelen ofrecer mejores rendimientos cuando coinciden dos factores clave: inflación relativamente baja y crecimiento económico sólido, un entorno que favorece la expansión empresarial y la rentabilidad corporativa.

Para economías emergentes como México, estas conclusiones ofrecen una referencia valiosa sobre el papel que pueden desempeñar los mercados de capitales en la creación de riqueza. El país cuenta con fortalezas importantes. Su base empresarial incluye compañías líderes en sectores como consumo, infraestructura, telecomunicaciones y servicios financieros, muchas de las cuales operan con presencia regional o global. La integración productiva con América del Norte y el impulso reciente a la relocalización de cadenas de suministro también están reforzando el papel del sector industrial mexicano dentro del mapa económico internacional.

En paralelo, el mercado bursátil mexicano enfrenta retos estructurales que han limitado su crecimiento relativo. El número de empresas listadas sigue siendo reducido en comparación con el tamaño de la economía, lo que limita la liquidez del mercado y la diversidad de sectores disponibles para los inversionistas. La participación del público inversionista también permanece en niveles moderados, reflejo de una cultura financiera que aún se encuentra en proceso de expansión.

Aun así, el entorno abre oportunidades relevantes. El crecimiento de las plataformas digitales de inversión, la mayor presencia de inversionistas institucionales y el avance de los fondos de pensiones podrían impulsar una participación más amplia en los mercados accionarios. Si más empresas decidieran financiar su expansión a través del mercado bursátil, el ecosistema financiero mexicano podría fortalecerse y ampliar su capacidad para canalizar capital hacia proyectos productivos.

El panorama tampoco está exento de riesgos. La volatilidad global, los ciclos de tasas de interés internacionales y los cambios regulatorios pueden influir en la percepción de riesgo de los inversionistas hacia los mercados emergentes. Además, la competencia de centros financieros más profundos y líquidos continúa atrayendo capital que podría destinarse a economías en desarrollo.

A pesar de esos desafíos, la evidencia histórica que recoge el informe de UBS deja una enseñanza clara. Durante más de un siglo, las acciones han sido el vehículo que mejor ha capturado el crecimiento económico y la innovación empresarial a escala global. Detrás de cada cifra acumulada hay empresas que expandieron industrias, desarrollaron tecnología y transformaron la forma en que funciona la economía.

Mirar esos 126 años de historia financiera es también observar cómo el capital ha acompañado la evolución del mundo moderno. Para los inversionistas y las empresas de hoy, la lección es clara. En el largo plazo, apostar por la capacidad de las compañías para crecer, innovar y competir ha sido una de las decisiones más rentables de la historia económica. Y todo indica que esa historia todavía se sigue escribiendo.

Colaboración: Editorial Auge.

Sponsored by: Regus

Noticias Relacionadas