México alcanza superávit comercial histórico con Estados Unidos

México registró en 2025 un superávit comercial récord con Estados Unidos, colocándose cada vez más cerca de China.

En el tablero del comercio global, 2025 quedará marcado como el año en que México estuvo a punto de cambiar el orden histórico del superávit comercial con Estados Unidos. Lo que durante décadas pareció una distancia inalcanzable frente a China hoy se ha reducido a una diferencia marginal que redefine el mapa productivo de América del Norte.

De acuerdo con cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos, el superávit comercial de México con la economía estadounidense ascendió a 196,913 millones de dólares en 2025, un crecimiento interanual de 14.8 por ciento. En paralelo, el saldo favorable de China se ubicó en 202,071 millones de dólares, con una caída de 31.6 por ciento frente al año previo. La brecha entre ambos países fue de apenas 5,158 millones de dólares. El contraste es contundente si se observa 2018, cuando la diferencia superaba los 337,000 millones de dólares.

En el contexto global, Estados Unidos registró en 2025 un déficit comercial de 1.23 billones de dólares en bienes, con un incremento anual de 2.4 por ciento. Un análisis del Congreso de Estados Unidos subraya que, aunque persisten posturas críticas que vinculan el déficit con pérdida de empleos o prácticas desleales, la mayoría de los economistas lo atribuye a factores macroeconómicos internos, particularmente al desequilibrio entre ahorro e inversión.

Para México, el momento sintetiza fortalezas acumuladas durante años. La cercanía geográfica con el mayor mercado de consumo del mundo, la red de acuerdos comerciales, la experiencia manufacturera y la especialización en sectores estratégicos como el automotriz, el electrónico y el agroindustrial han permitido capturar una proporción creciente de la demanda estadounidense. La relocalización de cadenas productivas aceleró inversiones, amplió capacidad instalada y fortaleció la proveeduría regional.

Al mismo tiempo, el nuevo posicionamiento impone retos estructurales. La presión sobre infraestructura logística, disponibilidad energética y talento especializado aumenta conforme se expande el volumen exportador. La alta concentración en el mercado estadounidense expone al país a ciclos económicos, ajustes regulatorios o cambios en la narrativa política comercial de su principal socio. Convertir el liderazgo en una plataforma sostenible exige diversificación, mayor valor agregado y fortalecimiento del mercado interno.

Las oportunidades son claras. El estrechamiento de la distancia con China no solo representa una cifra histórica, sino la posibilidad de atraer más inversión extranjera directa, acelerar la integración tecnológica y consolidar a México como nodo estratégico en las cadenas globales. Cada punto adicional de participación en el mercado estadounidense multiplica el impacto en empleo, innovación y desarrollo regional.

Las amenazas también forman parte del escenario. La competencia de otras economías emergentes por captar manufactura, posibles medidas proteccionistas o tensiones geopolíticas podrían alterar el ritmo de crecimiento observado. La discusión sobre el déficit estadounidense seguirá influyendo en decisiones políticas que impactan directamente a sus socios comerciales.

Lo cierto es que México se encuentra en un punto de inflexión. El récord de 2025 no es solo un resultado estadístico, sino el reflejo de una transformación profunda en la arquitectura del comercio norteamericano. El país se acerca a una posición que hace pocos años parecía improbable. La pregunta ya no es si México puede competir en el tablero global, sino cómo capitalizar este momento para consolidar un liderazgo que hoy, más que nunca, parece al alcance.

Colaboración: Editorial Auge.

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