México alcanza récords comerciales con Estados Unidos
México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos, con 15.5% del comercio total, por encima de Canadá y China.
2025 marcó un punto de inflexión silencioso pero contundente en la relación comercial entre México y Estados Unidos. Mientras el debate político y la tensión comercial dominaban el discurso internacional, los flujos de mercancías entre ambos países contaron una historia distinta: la de un socio que no sólo resistió el entorno proteccionista, sino que fortaleció su posición como pilar del comercio norteamericano.
De acuerdo con cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos, las exportaciones de productos mexicanos hacia ese mercado alcanzaron en octubre del año pasado un máximo histórico de 48,524 millones de dólares, lo que representó un crecimiento interanual de 6.7%. En contraste, las importaciones de bienes estadounidenses a México avanzaron a un ritmo mucho menor, al ubicarse en 29,575 millones de dólares, con un incremento anual de apenas 1.8%. El resultado fue un superávit comercial para México de 18,949 millones de dólares, el mayor registrado hasta ahora y superior al récord previo observado en marzo del mismo año.
El desempeño no fue un hecho aislado. En el acumulado de los primeros diez meses de 2025, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos sumaron 447,998 millones de dólares, con un crecimiento anual de 5.6%, mientras que las ventas estadounidenses a México totalizaron 283,182 millones de dólares, prácticamente sin variación. Este diferencial llevó a que el superávit mexicano alcanzara 164,816 millones de dólares, también un máximo histórico y el segundo mayor saldo positivo que Estados Unidos mantiene con alguno de sus socios comerciales, sólo por debajo de China.
Estas cifras consolidaron a México como el principal socio comercial de Estados Unidos, con una participación de 15.5% en el comercio total de bienes, por encima de Canadá y muy lejos de China.
En un entorno marcado por aranceles, disputas geopolíticas y una política comercial cada vez más restrictiva, la economía mexicana logró no sólo mantener su presencia, sino ampliarla, apoyada en una integración productiva profunda que abarca desde la manufactura avanzada y el sector automotriz hasta los electrónicos y la energía.
El contraste con otros socios clave fue evidente. Canadá registró en octubre una caída cercana a 10% en sus exportaciones al mercado estadounidense, mientras que China enfrentó desplomes superiores al 40%. En el acumulado del año, ambos países mostraron retrocesos significativos, reflejo del endurecimiento de las políticas comerciales de Washington y de un reacomodo acelerado de las cadenas de suministro globales. En ese contexto, México emergió como un proveedor confiable y cercano, capaz de responder con rapidez a las necesidades del mercado estadounidense.
No obstante, el récord comercial también dejó al descubierto tensiones subyacentes. El creciente superávit mexicano se produce en un momento en que Estados Unidos mantiene aranceles relevantes para productos que no cumplen con las reglas del T-MEC, así como tarifas específicas para vehículos, acero, aluminio y cobre. A ello se suma la inminente revisión del tratado, un proceso que introduce incertidumbre regulatoria y que será determinante para las decisiones de inversión en sectores altamente integrados.
Al mismo tiempo, el entorno abre oportunidades difíciles de ignorar. La pérdida de peso de China como proveedor de Estados Unidos y la necesidad de fortalecer cadenas regionales colocan a México en una posición estratégica para atraer capital, ampliar su base industrial y escalar hacia actividades de mayor valor agregado. El reto está en transformar el liderazgo comercial en crecimiento sostenible, atendiendo debilidades estructurales como la dependencia de un solo mercado, la presión política derivada del superávit y los desafíos internos en infraestructura, certidumbre jurídica y seguridad.
Lo que ocurrió en octubre de 2025 no fue sólo un récord estadístico. Fue una fotografía nítida de un momento histórico para el comercio mexicano, en el que la economía del país se posicionó en el centro del tablero norteamericano. La forma en que empresas y autoridades lean esta señal y actúen en los meses por venir definirá si este punto de inflexión se convierte en un capítulo pasajero o en el inicio de una nueva etapa de liderazgo económico regional.
Colaboración: Editorial Auge.