La OCDE mejora su pronóstico de crecimiento para México en este 2026
El organismo elevó a 1.4% su pronóstico de crecimiento para 2026, y anticipa una expansión de 1.7% en 2027.
En un entorno internacional marcado por tensiones comerciales, ajustes monetarios y redefiniciones geopolíticas, México recibe una señal de moderado optimismo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos elevó su previsión de crecimiento para la economía mexicana en 2026 a 1.4%, desde el 1.2% estimado en diciembre. La actualización, contenida en su Estudio Económico sobre México 2026, reconoce que el país ha logrado sostener estabilidad macroeconómica y resiliencia pese a la incertidumbre global. Para 2027, la proyección apunta a una expansión de 1.7%, mientras que la inflación cerraría 2026 en 3.6%, dentro del rango objetivo del Banco de México de 3% más menos un punto porcentual.
El organismo atribuye el desempeño previsto al dinamismo del consumo privado, a la fortaleza de la demanda externa, particularmente desde Estados Unidos, y a la expectativa de una política monetaria menos restrictiva en la medida en que la inflación continúe moderándose.
En un contexto de estabilidad financiera y disciplina macroeconómica, estos factores configuran una base que permite anticipar un crecimiento contenido, pero sostenido.
Sin embargo, el diagnóstico va más allá de la coyuntura. La OCDE subraya que México arrastra más de dos décadas de expansión limitada y baja productividad, un rezago estructural que condiciona su potencial de largo plazo. El crecimiento proyectado es positivo, pero insuficiente para cerrar brechas históricas en ingreso, competitividad e innovación. De ahí que el llamado central del estudio sea avanzar en reformas estructurales que impulsen la eficiencia productiva, fortalezcan el capital humano y amplíen el margen de inversión pública y privada.
En el frente fiscal, el informe recuerda que en 2024 el déficit público alcanzó 5.7% del PIB, un nivel histórico que obliga a mantener la consolidación fiscal. El aumento en el gasto destinado al pago de intereses, pensiones no contributivas y apoyos a Pemex ha reducido el espacio presupuestal para rubros estratégicos como educación, digitalización, transición energética y seguridad. Al mismo tiempo, México registra la recaudación tributaria más baja como proporción del PIB entre los países miembros de la OCDE, lo que abre una ventana para fortalecer los ingresos mediante mayor eficiencia administrativa, modernización catastral y ampliación de bases gravables, incluido el impuesto al carbono.
Para el sector empresarial, el panorama combina fortalezas y desafíos. La estabilidad macroeconómica, la moderación inflacionaria y la expectativa de menores tasas de interés favorecen la planeación financiera y la inversión. La integración productiva con Estados Unidos y el peso del mercado interno continúan siendo anclas relevantes para manufactura, logística, consumo y servicios. En un momento en que las cadenas de suministro buscan proximidad y certidumbre, México mantiene ventajas estratégicas que pueden traducirse en nuevas oportunidades.
Al mismo tiempo, persisten debilidades estructurales que limitan el ritmo de expansión. La baja productividad, la necesidad de mayor innovación y el reducido margen fiscal representan retos que exigen decisiones de política pública de largo alcance. En el entorno externo, las tensiones comerciales y la incertidumbre política global siguen siendo amenazas latentes. La dependencia de la demanda estadounidense y la exposición a eventuales ajustes arancelarios continúan condicionando las perspectivas.
La revisión al alza del pronóstico no es una señal de euforia, sino de estabilidad en un momento complejo. México no vive un boom, pero tampoco un retroceso. Se encuentra en una fase de transición en la que la resiliencia se convierte en activo estratégico y la disciplina macroeconómica en carta de presentación. Para empresarios e inversionistas, el mensaje es claro: el país atraviesa un punto de inflexión en el que las decisiones estructurales definirán si este crecimiento moderado se transforma en una nueva etapa de expansión sostenida. El momento no es estridente, pero sí decisivo, y el mercado mexicano está llamado a ser protagonista de esa definición histórica.
Colaboración: Editorial Auge.