La industria mexicana muestra señales de reactivación
En noviembre de 2025, la actividad industrial en México creció 0.6% mensual y encadenó dos meses consecutivos de avance.
Noviembre dejó una señal que el sector industrial mexicano llevaba meses esperando. Sin estridencias, sin un rebote espectacular, pero con la consistencia suficiente para marcar un punto de inflexión. La actividad industrial creció 0.6% frente a octubre y logró encadenar dos meses consecutivos de avances, algo que no ocurría desde mediados de 2024, según cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística. En un entorno marcado por la cautela empresarial y la desaceleración global, el dato adquiere un peso simbólico: la industria comienza a estabilizarse.
El avance mensual permitió además suavizar la caída anual del indicador. En noviembre, la actividad industrial retrocedió apenas 0.1% respecto al mismo mes del año previo, una mejora clara frente al descenso de 0.5% observado en octubre. Aunque el balance interanual sigue en terreno negativo, la trayectoria reciente sugiere que la fase más débil del ciclo podría estar quedando atrás, una fortaleza clave para un sector que ha demostrado capacidad de resistencia en condiciones adversas.
El impulso volvió a venir de la construcción, el subsector que hoy funciona como columna de apoyo de la industria mexicana.
En noviembre creció 1.6% mensual y acumuló dos meses de recuperación. El ritmo fue más moderado que el fuerte repunte de octubre, pero suficiente para confirmar que la actividad constructora mantiene tracción propia. A diferencia de 2024, cuando el dinamismo estaba estrechamente ligado a grandes proyectos ferroviarios del sexenio anterior, la reactivación actual parece más diversificada y menos dependiente de obras emblemáticas.
Al interior del sector, la edificación avanzó 1.3% mensual, mientras que las obras de ingeniería civil aceleraron con un crecimiento de 5.4%. Este comportamiento abre una ventana de oportunidad para el mercado mexicano, al reflejar una base activa de inversión en infraestructura y obra civil que puede seguir detonando cadenas productivas, demanda de insumos y contratación de servicios especializados. Para las empresas del sector, el mensaje es claro: hay terreno para crecer, aunque de forma selectiva.
La manufactura, el núcleo duro de la actividad industrial, también dio un paso adelante. En noviembre creció 0.5% mensual tras la contracción registrada en octubre. Diez de las 21 ramas monitoreadas por el Inegi reportaron avances, con desempeños destacados en la industria del vestido, los derivados del petróleo, los insumos textiles, bebidas y tabaco, y la industria del papel. Este mosaico de resultados confirma una de las fortalezas estructurales del país: una base manufacturera diversa, capaz de generar impulsos aun cuando el entorno no es plenamente favorable.
Sin embargo, la recuperación dista de ser uniforme. Más de la mitad de las ramas manufactureras no mostró crecimiento y tanto la minería como los servicios públicos, electricidad, gas y agua, registraron variaciones nulas en el mes. Estas cifras revelan una debilidad persistente: el repunte industrial todavía no se traduce en un avance sincronizado de todos sus componentes, lo que limita la velocidad y profundidad de la mejora.
El contexto general plantea desafíos claros. Aunque la industria empieza a encontrar piso, el indicador anual continúa en negativo y la inversión privada mantiene una postura cautelosa. A ello se suman amenazas externas como la desaceleración de las principales economías, la volatilidad financiera y la incertidumbre en el comercio internacional, factores que podrían frenar el impulso si no se consolidan las condiciones internas de crecimiento.
Aun así, noviembre deja una narrativa distinta a la de meses anteriores. La industria mexicana no vive todavía un ciclo expansivo, pero comienza a escribir una historia de estabilización. La construcción sostiene, la manufactura reacciona y el mercado muestra señales de que la inercia negativa se está agotando. Para las empresas, este momento exige prudencia, pero también visión estratégica. No se trata de un regreso triunfal, sino del inicio de una transición. Y en los ciclos económicos, esos primeros capítulos suelen definir quiénes estarán mejor posicionados cuando el crecimiento vuelva a tomar fuerza.
Colaboración: Editorial Auge.