Inflación cierra en diciembre de 2025 en su nivel más bajo en cuatro años
La inflación en México desaceleró a 3.69% anual en diciembre, su menor nivel para un cierre de año desde 2020.
En los últimos días de 2025, mientras empresas, inversionistas y consumidores hacían el balance de un año marcado por ajustes y cautela, un dato cambió el tono del cierre económico: la inflación en México volvió a ceder.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el índice de precios al consumidor se ubicó en 3.69% anual en diciembre, un nivel menor al observado en la quincena previa y, sobre todo, dentro del rango objetivo del Banco de México. No solo fue una señal de alivio para los mercados, sino el registro inflacionario más bajo para un mes de diciembre desde 2020.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor avanzó 0.28% en términos mensuales, confirmando una moderación sostenida en el ritmo de aumento de precios hacia el final del año. El resultado superó las expectativas del mercado, que anticipaba una inflación cercana a 3.80%, según un sondeo de Reuters. Con ello, 2025 cerró con una narrativa distinta a la de años recientes, marcada por una mayor estabilidad macroeconómica tras periodos de fuertes presiones inflacionarias derivadas de choques globales y disrupciones en las cadenas de suministro.
Este desempeño se convirtió en uno de los principales activos del entorno económico mexicano. La inflación dentro del rango objetivo refuerza la credibilidad de la política monetaria y ofrece un ancla de certidumbre para la planeación empresarial, la inversión y el consumo.
En un escenario internacional todavía volátil, la capacidad de México para cerrar el año con precios relativamente controlados se consolidó como una fortaleza clave para el mercado interno y para su posicionamiento frente a los capitales globales.
El detalle del reporte muestra, sin embargo, un panorama más matizado. La inflación subyacente, considerada el mejor indicador de la tendencia de mediano plazo, también desaceleró, al pasar de 4.43% en noviembre a 4.33% en diciembre. Aun así, permanece en niveles elevados. Las mercancías y los servicios siguieron registrando incrementos anuales superiores al 4%, reflejando presiones estructurales que continúan afectando tanto el poder adquisitivo de los hogares como los costos operativos de las empresas. Esta persistencia expone una de las principales debilidades del actual ciclo inflacionario: el proceso de normalización avanza, pero aún no se completa.
En contraste, la inflación no subyacente ofreció un respiro más claro. En diciembre se ubicó en 1.61% anual, por debajo del mes previo. Los productos agropecuarios apenas registraron incrementos, mientras que los energéticos y las tarifas gubernamentales mostraron alzas moderadas. Este comportamiento fue decisivo para contener la inflación general y abre una ventana de oportunidad para el mercado interno, al aliviar la presión sobre el gasto básico de los hogares y apuntalar el consumo.
El impacto en el bolsillo fue desigual. Algunos rubros mostraron incrementos significativos, como el transporte aéreo, ciertos productos agrícolas y los servicios turísticos, evidenciando la sensibilidad de sectores específicos a factores estacionales y de costos. Al mismo tiempo, la caída en precios de alimentos clave y artículos de uso cotidiano, como huevo, pollo, frutas, verduras y productos de limpieza, ayudó a amortiguar el impacto inflacionario en el cierre del año.
Desde una perspectiva empresarial, el dato de diciembre redefine el punto de partida hacia 2026. Un entorno de precios más estables incrementa la probabilidad de que, en el futuro, el banco central evalúe una postura monetaria menos restrictiva, con implicaciones directas sobre el costo del crédito y la inversión productiva. Además, la menor volatilidad inflacionaria fortalece el atractivo de México como destino para proyectos de largo plazo, en un momento en que la relocalización de cadenas productivas sigue reconfigurando el mapa industrial.
No obstante, el camino no está libre de riesgos. La inflación subyacente aún elevada recuerda que los choques externos, los movimientos en precios internacionales de insumos y energía, o nuevas tensiones geopolíticas podrían reactivar presiones sobre los precios. A ello se suma la necesidad de gestionar cuidadosamente ajustes en salarios, tarifas y costos logísticos para evitar traslados abruptos al consumidor final.
El cierre inflacionario de 2025 marca así algo más que una cifra favorable. Representa un punto de inflexión en la narrativa económica reciente del país. México entra a un nuevo año con una inflación contenida, mayores márgenes de previsibilidad y la oportunidad de capitalizar un entorno más estable. Para empresas, inversionistas y consumidores, el dato no solo cierra un ciclo, sino que abre un momento que puede definir el rumbo económico de los próximos años.
Colaboración: Editorial Auge.